Enfrente de Israel y Palestina, una de las zonas más convulsas de todo el planeta, uno puede tener al mismo tiempo una de las experiencias más placenteras y curiosas que nos proporciona la geografÃa: darse un baño en el Mar Muerto, y como si uno fuera un corcho, no hundirse por mucho que lo intente.

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Esta especie de milagro se debe a que las aguas de Mar Muerto están supersaturadas de sal, con prácticamente una concentración del 30%, o sea, siete veces más sal que en cualquier mar y océano. Antes de meterse a esas aguas es bueno tener en cuenta varios consejos: no se os ocurra abrir los ojos dentro del agua, por supuesto no la bebáis, tened cuidado si tenéis alguna herida en el cuerpo sin cicatrizar, llevad chancletas para entrar y salir por el pedregal que es su fondo, y si es el primer baño, no lo prolonguéis en exceso y ducharos rápidamente tras salir.
En realidad, la alta salinidad de las aguas obliga a ducharse a todo el mundo tras el baño. Por ello, las zonas de baño en el Mar Muerto son todas aquellas donde existe la posibilidad de una ducha limpiadora y reparadora para la piel. Y todas estas zonas son un negocio, es decir, hay que pagar por el baño y la ducha.
Los lugares donde uno se puede bañar son varios. De norte a sur, el primer lugar es el pueblo de Sweimeh en cuyas inmediaciones se encuentran las instalaciones y la playa del Resthouse. Unos cuantos kilómetros más al sur hay varias cadenas hoteleras, donde además del baño nos ofrecen masajes y terapias medicinales. TodavÃa más al sur está Amman Beach. Y en el extremo meridional del Mar Muerto también hay varias zonas de baño integradas en la Reserva Natural de Mujib.
