Para los comerciantes del zoco Maan, el bazar de 160 años de antigüedad, no es sólo un lugar de negocios sino también el sitio donde se manifiesta la larga tradición mercantil de la ciudad.
Es que el mercado representa propiamente, el alma de este pequeño pueblo del desierto que fuera durante siglos, parada obligada para los peregrinos musulmanes que, procedentes de Siria, Asia Central, el Cáucaso y los Balcanes, partÃan hacia la Meca.

Un historiador especializado en la historia de la ciudad, considera que se encontraba mencionada en el Corán y que, en época de Moisés, ya era conocida como una ciudad de comerciantes, pero esta historia es transmitida oralmente de padres a hijos, de generación en generación.
Ahmad Abu Tawileh, de 66 años, el más antiguo comerciante del zoco Maan, comenzó a trabajar de niño en la tienda de su padre cerca del extremo norte del mercado y si bien nunca vio una caravana de camellos camino a las ciudades santas pudo escuchar esas historias de sus mayores que pintaron un cuadro vivo del zoco antes de que los otomanos construyeran el ferrocarril de Hijaz.
Además de servir a los peregrinos, Maan sigue desempeñando un importante papel proveyendo toda clase de productos básicos para las comunidades de beduinos que viven en el distrito. Es que desde su fundación en el siglo diecinueve, los pastores nómades han acudido a él como fuente de alimentos básicos como el trigo, halva, arroz, azúcar, dátiles y aceite de cocina, tejidos y ropa, si bien en un principio no utilizaban moneda alguna para pagar y se manejaban con el sistema de trueque.
Los comerciantes del zoco Maan disfrutan de sus tradiciones y recuerdos pero también desean promocionarlo como un lugar de importancia histórica y convertirlo en un destino para turistas una vez que las autoridades incorporen la ciudad y sus ‘olvidadas atracciones’ al mapa del turismo nacional.
